El arte de la fuga
Desiderio García Sepúlveda
El PRI de Tamaulipas quiere poner condiciones para 2027. Después de lo ocurrido en las últimas elecciones, es entendible que no quiera volver a sentarse a la mesa para terminar como socio menor de una alianza.
Bruno Díaz Lara, dirigente estatal del tricolor, ya dejó claro que está dispuesto a hablar de alianzas y de candidaturas externas, pero con límites. Ha dicho, que los externos que deseen participar, deberán tener arraigo, identidad y una trayectoria limpia. Y el PRI no está dispuesto a aceptar acuerdos que reduzcan todavía más su representación.
La postura es razonable. Pero nos preguntamos: ¿qué tanta fuerza tiene hoy el PRI para poner condiciones?
El antecedente más reciente no ayuda demasiado. En 2024, el convenio PAN-PRI para las elecciones locales dejó una participación importante de Acción Nacional en las candidaturas de la coalición para los 22 distritos y los 43 ayuntamientos. El priismo tomó nota y ahora quiere evitar que la historia se repita.
Pero hay una regla bastante sencilla en la política electoral: las candidaturas se negocian con votos.
También con estructura, candidatos competitivos y capacidad para ganar elecciones. Las siglas, por sí solas, ya no alcanzan, sobre todo a la oposición.
Ese es el verdadero reto de Bruno Díaz. La dirigencia dice estar reconstruyendo comités municipales y buscando nuevos perfiles. Si esa tarea funciona, el PRI llegará a 2027 con algo más que un lugar en la mesa: tendrá capacidad para negociar.
Si no, poner condiciones será más una cuestión de orgullo que de fuerza política.
Seamos claros. ¿Qué tiene el PRI para ofrecer al elector?
Ya no basta con hablar de los errores de Morena, cuestionar al PAN o recordar los tiempos en que el tricolor era la fuerza dominante. Aquella realidad ya no existe. El elector tiene otras opciones y, sobre todo, otras expectativas.
Un partido que necesita aliarse para competir debería preguntarse primero por qué dejó de ser la principal fuerza política del país.
A eso hay que agregar el desgaste de la marca nacional. Alejandro Moreno mantiene la dirigencia del PRI después de las reformas estatutarias de 2024 que permitieron la reelección de la presidencia nacional, en medio de una disputa interna que todavía arrastra impugnaciones.
Tamaulipas no está aislado de esa discusión.
Por eso, el proyecto de Bruno Díaz tendrá que resolver algo más que el reparto de candidaturas. Tendrá que reconstruir una estructura, encontrar candidatos y, sobre todo, darle al elector una razón para que vuelva a considerarlo una opción valida. Todo eso ante una elección en puerta.
Porque para poner condiciones hay que tener con qué negociar.
Y hoy, para el PRI de Tamaulipas, eso es precisamente lo que le hace falta.
