El arte de la fuga
Desiderio García Sepúlveda
- Las 17 designaciones rumbo a 2027 dejan una pregunta pendiente: ¿qué pesa más, la encuesta o el acuerdo político?
Morena ya tiene a sus 17 coordinadores estatales rumbo a 2027. Lo que todavía no termina de explicar con la misma claridad es cómo llegó a cada uno de esos nombres.
El problema no es que el partido utilice encuestas. Ese ha sido, durante años, uno de sus principales mecanismos para ordenar la competencia interna. Pero parece que la encuesta por sí sola ya no alcanza para explicar una designación y comienzan a entrar otros factores: género, alianzas, acuerdos y consensos internos.
Como en Big Brother, las reglas cambian.
Entonces, el método se vuelve menos transparente y, en algunos estados, la decisión termina pareciendo más una negociación que el resultado de un estudio de opinión.
San Luis Potosí es quizá el caso más claro. Elí Cervantes fue designado sin haber participado en la convocatoria, después de que las encuestas entre los aspirantes inscritos no alcanzaran el nivel de competitividad establecido por el propio partido. La salida fue el consenso.
En Nayarit ocurrió algo todavía más significativo. Morena reconoció que Héctor Santana había ganado la encuesta, pero la coordinación terminó en manos de Jasmine Bugarín, del Partido Verde, debido al criterio de género. La señal fue contradictoria: ganar la encuesta no necesariamente significa obtener la coordinación.
Nuevo León mostró otra versión del proceso. Clara Luz Flores fue anunciada como ganadora ante el disgusto de Tatiana Clouthier y la conformidad de Waldo Fernández. En Sonora, en cambio, hubo reclamos públicos por la designación de Lorenia Valles. Y en Baja California Sur, la inconformidad llegó al punto de interrumpir la reunión previa al nombramiento de Manuel Cota.
Chihuahua terminó por darle al cierre una dimensión adicional. La designación de Cruz Pérez Cuéllar sobre Andrea Chávez no sólo resuelve la competencia interna de Morena en ese estado; también puede tener consecuencias en la relación interna de los grupos políticos.
El resultado final dejó 10 mujeres y siete hombres al frente de las coordinaciones de Morena. El Partido Verde obtuvo dos y el PT, ninguna. La dirigencia morenista ha dicho que hará públicas las encuestas una vez concluidas las designaciones. Será un paso importante para conocer qué ocurrió realmente detrás de cada decisión.
Las llamadas “corcholatas” ya están definidas, pero todavía queda por aclarar cuánto pesó la encuesta y cuánto los acuerdos políticos en cada estado. Si Morena quiere que su método siga siendo una herramienta para ordenar la competencia interna, tendrá que explicar no sólo quién ganó, sino también por qué, en algunos casos, ganar la encuesta no fue suficiente.
La elección de 2027 apenas comienza. Y antes de enfrentar a sus adversarios, Morena tendrá que mantener cohesionada a su propia estructura y convencer a sus militantes de que las reglas que aplica son las mismas para todos.
