30 de octubre de 2026
Por Italia Soler
Cuando el precio del azúcar dejó de garantizar la rentabilidad de la caña, Toribio Hernández Reyes tuvo que buscar otras alternativas para mantener productiva su parcela, en el ejido San Isidro del Poniente, en Antiguo Morelos, encontró en el cempasúchil y la mano de león una oportunidad que, tres años después, ya tiene mercado propio.
Lo que comenzó con apenas dos surcos para consumo familiar se convirtió en un cultivo de aproximadamente media hectárea, cuya producción se comercializa entre escuelas, panteones, revendedores y familias que llegan directamente hasta su parcela para comprar flores y tomarse fotografías.
La demanda ha crecido tanto que incluso ha recibido solicitudes de otros estados, particularmente de San Luis Potosí, pero su capacidad de producción no le permite atender pedidos de grandes volúmenes.
Uno de los principales atractivos de su producción es el precio, el agricultor vende a las escuelas buscando dar ofertas más economicas.
Además, asegura que se trata de un cultivo noble, que requiere poca agua y que en su parcela se produce sin aplicación de plaguicidas, para enfrentar las altas temperaturas de la región, inicia la siembra desde julio y mantiene las plantas mediante riego por goteo hasta que alcanzan su desarrollo.
Sin embargo, detrás de esta alternativa también está la difícil situación económica que atraviesa el sector agrícola, particularmente los productores de caña, afectados por la caída de los precios internacionales del azúcar.
A la crisis de rentabilidad se suman la falta de apoyos para adquirir semillas y la escasez de trabajadores, Hernández Reyes señala que cada vez más jóvenes emigran hacia Monterrey y la frontera en busca de empleos con mejores condiciones, dejando menos manos disponibles para las labores del campo.
Concluida la temporada de flores, el productor prepara nuevamente sus tierras para sembrar calabaza, maíz o frijol, pues su intención es no dejar improductiva la parcela y aprovechar la humedad que dejaron las lluvias.
