En la opinión de
El arte de la fuga
Desiderio García Sepúlveda
La soledad de Rocha Moya
Rubén Rocha Moya regresó a la gubernatura de Sinaloa según él, con la “frente limpia y en alto”. Pero el gusto le duró apenas 34 horas. Después de ese breve regreso, volvió a pedir licencia. Más que un tropiezo personal, el episodio muestra hasta dónde puede llegar el aislamiento político cuando un gobernador pierde el respaldo de su propio partido.
Hace no mucho, desde Morena se escuchaba la frase de respaldo: “¡No estás solo!”. Hoy la realidad es otra. La dirigencia nacional del partido tomó distancia ante su decisión de regresar; los gobernadores morenistas le pidieron madurez y responsabilidad; legisladores de su propio movimiento le exigieron reconsiderar, y la presidenta Claudia Sheinbaum manifestó que ningún interés personal puede estar por encima del pueblo y de la Nación.
Rocha Moya había solicitado licencia el primero de mayo, después de que Estados Unidos señalara a él y a otros funcionarios y exfuncionarios estatales por presuntos vínculos con una facción del Cártel de Sinaloa. El gobernador negó haber cometido algún delito y sostuvo que no existían pruebas en su contra. La Secretaría de Gobernación, por su parte, aclaró que las investigaciones seguían abiertas y que correspondía a Washington presentar las pruebas.
Con ese escenario, regresar al cargo era una apuesta política de alto riesgo. Rubén Rocha decidió hacerla.
El desenlace fue rápido. Ni siquiera tuvo tiempo de asentarse nuevamente en la gubernatura. En menos de dos días, aquel gobernador que regresó a Sinaloa declarando su inocencia por todo lo alto, terminó solicitando otra licencia, ahora por tiempo indefinido.
El Congreso de Sinaloa tendrá que encaminar nuevamente el proceso de sucesión para concluir un mandato que, en condiciones normales, terminaría en 2027.
Pero lo más interesante de todo no está en el trámite legislativo, sino en el mensaje político que deja el episodio.
La política no tiene sentimientos. Mientras un político representa un activo, aparecen los respaldos, las fotografías y los discursos de solidaridad. Cuando comienza a representar un problema, esos respaldos desaparecen con una rapidez sorprendente.
Y ahí está el fondo del asunto.
Rocha Moya no solamente dejó nuevamente la gubernatura. También quedó expuesto políticamente. Su regreso duró poco, pero fue suficiente para mostrar que el respaldo que alguna vez tuvo dentro de Morena ya no estaba ahí.