En la opinión de
El Arte de la Fuga
Desiderio García Sepúlveda
Mi primera chamba
La Organización Internacional del Trabajo advierte que, en un escenario desfavorable, más de 5.6 millones de jóvenes en el mundo podrían enfrentar desempleo, un cambio de ocupación o incluso salir del mercado laboral si la inteligencia artificial provocara la desaparición del 10% de los empleos juveniles.
El dato aparece en su informe Tendencias Mundiales del Empleo Juvenil 2026, que señala que buena parte de quienes comienzan su vida laboral lo hacen en puestos de apoyo administrativo, ventas, servicios o determinadas tareas técnicas. Son empleos que incluyen actividades que la inteligencia artificial puede realizar con relativa facilidad: redactar documentos, clasificar información, analizar datos o responder consultas.
Aquí aparece uno de los mayores riesgos de la automatización: que la IA desplace precisamente los empleos que durante décadas han servido como puerta de entrada al mundo laboral.
El dato debería obligarnos a moderar, al menos un poco, el entusiasmo tecnológico. Para una empresa, sustituir determinadas tareas por sistemas automatizados puede significar mayor productividad y menores costos. Pero para un joven que intenta conseguir su primer empleo, puede significar perder la oportunidad de adquirir experiencia.
Un recién egresado no necesita únicamente un sueldo. Necesita aprender a trabajar, resolver problemas, relacionarse con colegas y clientes, asumir responsabilidades y desarrollar habilidades que difícilmente se adquieren por completo en un salón de clases.
Por eso, cuando una empresa sustituye un puesto inicial por una herramienta capaz de realizar el trabajo en segundos, no desaparece únicamente un empleo. También puede desaparecer una oportunidad para comenzar una carrera.
América Latina enfrenta un desafío todavía mayor. De acuerdo con la OIT, la región podría concentrar alrededor de 785 mil empleos juveniles desplazados, equivalentes al 14% de las transiciones laborales potencialmente afectadas por la inteligencia artificial.
Para países como México que todavía tienen el enorme desafío de generar empleos formales y productivos para millones de jóvenes, permitir que esta transformación ocurra sin una estrategia educativa y laboral sería irresponsable.
La inteligencia artificial puede eliminar tareas y, al mismo tiempo, crear otras. También puede aumentar el valor de capacidades que todavía son difíciles de sustituir con una máquina: el pensamiento crítico, la creatividad, la comunicación, la colaboración y, sobre todo, la capacidad para resolver problemas.
Pero preparar a los jóvenes para el futuro no puede reducirse a enseñarles a utilizar herramientas de inteligencia artificial. También significa garantizar que tengan oportunidades para adquirir la experiencia que les permitirá trabajar junto a ella.