SIN CORTAPISAS

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Por: Claudia Vázquez Andrade.
Candil de la calle…
El servicio postal mexicano es un sistema de comunicación que se niega a morir, vaya se puede decir que la modernidad y el avance tecnológico no ha logrado acabarlo, sin embargo, los trabajadores de esta institución trabajan, como dirían ellos; con las uñas.
Sí, aquí en Tamaulipas, los “carteros” como los conocemos coloquialmente, están trabajando bajo protesta por las condiciones tan deplorables en que se encuentran sus edificios, equipos, y por el salario que perciben, que, hasta este momento, increíblemente se encuentra por debajo del “mínimo”, pese a que pertenecen al gobierno federal.
Los 286 trabajadores que conforman la plantilla laboral de “correo” en la entidad, se quejan que desde octubre del año pasado están demandando refacciones, uniformes, bicicletas, motocicletas, cascos, valijas y la evaluación y mejoramiento de los edificios, porque tienen el caso de Matamoros, en donde la construcción tiene problemas estructurales, y eso no lo inventaron ellos, existe un dictaminado del mismo personal de protección civil, de tal manera que, el riesgo es eminente.
Bruce Lawrence López, secretario general de la Sección Tamaulipas del Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema Postal Mexicano, reconoció que las autoridades ya cumplieron, aunque de manera parcial algunas de las demandas, sin embargo, para el tiempo transcurrido, todo eso debería estar cubierto, y por ende los trabajadores laborando de manera normal y tranquilos.
En fin, se puede decir que el gobierno federal comulga con el refrán popular que dice: “candil de la calle, oscuridad de tu casa”, porque como es posible que todavía tengan personal que labore, no solo en las condiciones de riesgo en que se encuentran estos trabajadores, sino con un salario inferior al mínimo, cuando a los empresarios les impone cada año un incremento salarial sin importarle si los ingresos soportan el aumento.
Pero bueno, sea como sea, los empleados de SEPOMEX, como se conocen por sus siglas, ahí están en pie de lucha, esperando ser escuchados por las autoridades, pero mientras eso sucede, recorren las calles de la entidad, “a golpe de calcetín” como dice la raza, pero cumpliendo con su deber y aguantando las inclemencias del tiempo.

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