Reyes Magos y Rosca: dos tradiciones, un mismo país
Por José Gregorio Aguilar
En gran parte del centro y sur de México, la madrugada del 6 de enero sigue siendo mágica: los niños esperan con ilusión los juguetes que los Reyes Magos dejan bajo el árbol. Es una tradición que mezcla fe, fantasía y esperanza, y que se mantiene viva en la memoria de las familias.
En el norte del país, sin embargo, la expectativa es distinta. Aquí la verdadera protagonista es la Rosca de Reyes. Más que regalos, lo que importa es la reunión familiar, el café o chocolate caliente y la risa compartida al partir la rosca. El momento clave no es la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar, sino descubrir quién saca el monito.
Este contraste revela cómo las tradiciones se re significan según la región: en el sur, la magia refuerza la ilusión infantil; en el norte, la rosca se convierte en un ritual de convivencia, humor y compromiso comunitario. Porque al que le toque el monito ya sabe: la fiesta continúa el 2 de febrero con los tamales de la Candelaria.
Al final, tanto los Reyes como la rosca nos recuerdan lo mismo: que las tradiciones son puentes de unión. Que la cultura mexicana se vive en plural, con matices regionales, pero siempre con el mismo espíritu de compartir y celebrar