La falta de agua no sólo tiene que ver con la escasez de lluvias sino con la ausencia de
planeación, de medidas para reducir el hacinamiento, de reparación de fugas y de un
manejo adecuado de aguas residuales que pueden ser tratadas, además de la
sobreexplotación de los acuíferos. Queda claro que los fenómenos climatológicos no son la
única explicación de la crisis hídrica que vivimos en más de la mitad del territorio, sino que,
en gran medida, depende de lo que hacemos o dejamos de hacer los habitantes.
La relación entre los recursos hídricos y el desarrollo económico ha comenzado a
deteriorarse conforme se complica la disponibilidad de agua. Un ejemplo claro de esta
relación es que se han generado pérdidas millonarias por el bajo rendimiento agrícola por
hectárea en los distritos de riego que operan bajo el sistema de abasto a través de represas.
Según expertos del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, de las
aproximadamente 22 millones de hectáreas que se siembran en el país, 16 millones son de
cultivos que dependen principalmente de las lluvias y que hoy están profundamente
afectadas por falta de agua. Eso ha agravado la inflación ya que se enfrenta una menor
oferta de productos del campo.
Es preciso advertir que la responsabilidad de asegurar el abasto, distribución y tratamiento
de agua es de los tres niveles de gobierno, y en nada abonan las declaraciones de
autoridades que buscan evadir su tramo de competencia; es una responsabilidad
compartida que requiere de diálogo, planeación, visión de largo plazo y recursos suficientes
para el desarrollo de infraestructura. Todos son responsables.
Es a la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), la autoridad responsable de la
administración de este indispensable recurso. Recae en ella regular, controlar y proteger las
aguas nacionales, otorgar permisos de descarga de aguas residuales, pero
fundamentalmente establecer las directrices nacionales con oportunidad. Por ello,
hacemos un llamado para que aceleren las gestiones, y se publique y difunda el Acuerdo de
inicio de emergencia por ocurrencia de sequía severa, extrema o excepcional en cuencas
para el año 2022 y se tomen todas las medidas necesarias para mitigar la grave crisis que
enfrenta el país.
Al Congreso de la Unión y a la Secretaría de Hacienda nuestro llamado es para que se dote
de los recursos necesarios en 2022 y 2023 a las entidades federativas para el desarrollo de
infraestructura necesaria para la captación, reinyección, saneamiento y reparación de fugas
en la red nacional. La austeridad mal aplicada ha provocado recortes de más del 30% de los
recursos con los que contaba CONAGUA.
A los gobiernos estatales y municipales para que asuman su responsabilidad de formular,
actualizar y controlar el desarrollo de los programas de operación hidráulica y hacer la
planeación para la distribución del líquido en sus comunidades; no pueden “lavarse las
manos”.
A las familias y empresas de todos los tamaños también les hacemos un llamado para dejar
el consumo del agua de forma lineal y apostar por un modelo circular, donde se utilice la
mínima cantidad de recursos posibles, incluidos el agua y la energía, para satisfacer sus
necesidades. Debemos recordar que “Gota a gota, el agua se agota”.
En COPARMEX impulsamos el Modelo de Desarrollo Inclusivo que tiene como uno de sus
pilares promover el cuidado del medio ambiente y la actividad económica sostenible, por
eso queremos que las empresas sean un factor de cambio que impacten positivamente a
sus comunidades. Ante esta crisis nos ponemos en acción y como primer paso generamos
conciencia, cada uno podemos aportar nuestro granito de arena. Sin agua no hay vida, no
hay desarrollo y no hay país. El agua es de todos y por ello todos somos responsables de su
uso y de su cuidado.