En la opinión de

En la opinión de

El arte de la fuga

Desiderio García Sepúlveda

Las gargantas profundas de la 4T

▪         Si las investigaciones de Estados Unidos están fracturando la disciplina interna de Morena, el mayor desafío para el gobierno ya no proviene de Washington, sino de sus propias filas.

 

El reportaje publicado por The New York Times contiene una afirmación de enorme calado político: funcionarios y legisladores de Morena estarían colaborando de manera discreta con autoridades estadounidenses en investigaciones sobre presuntos vínculos entre políticos mexicanos y el crimen organizado. Más allá de que esas versiones deberán sostenerse con pruebas y procesos judiciales, el dato relevante es otro: alguien dentro del oficialismo considera que su mejor estrategia de supervivencia no es el respaldo del partido, sino la cooperación con Washington.

La historia política ofrece un precedente. En 1972, con ayuda de un informante conocido por el alias de “Garganta Profunda”, periodistas destaparon el escándalo Watergate, que terminaría con la renuncia de Richard Nixon. Desde entonces, las grandes crisis políticas suelen anunciarse cuando aparecen las filtraciones desde el interior del poder. No porque toda denuncia sea cierta, sino porque evidencian que la lealtad interna comienza a resquebrajarse.

Ese parece ser el fenómeno que enfrenta hoy Morena. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum sostiene que las investigaciones estadounidenses constituyen una injerencia en asuntos internos, el propio reportaje sostiene que gobernadores, legisladores y otros funcionarios han optado por dialogar con agencias de Estados Unidos. Si ese diagnóstico resulta correcto, la narrativa del cierre de filas encuentra un límite evidente: nadie busca convertirse en testigo cuando confía plenamente en la protección de su propia estructura política.

El episodio también refleja un cambio en la relación bilateral. Durante décadas, México insistió en que la cooperación en materia de seguridad debía respetar estrictamente la soberanía nacional. Sin embargo, el carácter transnacional del narcotráfico, el tráfico de armas y el lavado de dinero ha desdibujado esas fronteras. Washington ha decidido privilegiar las investigaciones por corrupción como parte de su estrategia contra los cárteles, una decisión que inevitablemente tensiona la relación con el gobierno mexicano.

Nada de ello convierte automáticamente en verdaderas las acusaciones ni sustituye el debido proceso. Las investigaciones periodísticas, por sólidas que parezcan, no equivalen a sentencias judiciales. Pero tampoco pueden despacharse únicamente como una maniobra política cuando describen fracturas internas y fuentes que apuntan en la misma dirección.

Todo parece indicar que Estados Unidos continuará investigando. La incógnita es cuántas voces más surgirán desde el interior del propio sistema político mexicano. Porque las crisis más profundas rara vez comienzan con una acusación externa; suelen empezar cuando quienes conocen el poder desde dentro deciden hablar para salvar el pellejo.

 

Noticias relacionadas