
El arte de la fuga
El golpe arancelario
Desiderio García Sepúlveda
La reciente imposición de aranceles por parte de Estados Unidos sobre productos mexicanos ha encendido las alarmas en todo el país, pero especialmente en Tamaulipas, un estado cuya economía depende en gran medida de las exportaciones a su vecino del norte. En sectores clave como la manufactura, la industria automotriz y la agroindustria, el incremento en los costos de exportación representa un golpe directo a la competitividad y estabilidad económica de la región.
Debemos recordar que Estados Unidos es el principal socio comercial de México, en donde el 80% de las exportaciones nacionales se mandan a la unión americana y de estas, alrededor de la mitad esta relacionada con la industria automotriz. Con esta medida 12 de los 32 estados del país serán los más afectados, en especial los ubicados en la frontera norte; como Tamaulipas, Chihuahua, Coahuila, Baja California, Sonora y Nuevo León, en donde un gran porcentaje de su producto interno bruto (PIB) proviene de industrias sensibles a la aplicación de aranceles.
El impacto inmediato se sentirá en la industria maquiladora, que opera bajo un esquema de manufactura y exportación dependiente del comercio binacional. Al encarecerse los productos tamaulipecos en Estados Unidos, las empresas enfrentarán un dilema: absorber los costos adicionales, reducir producción o trasladar el aumento al consumidor final. Ninguna de estas opciones es favorable para el estado, pues podrían derivar en pérdida de empleos, fuga de inversiones y una recesión en la economía local.
El sector automotriz, otra de las grandes apuestas económicas tamaulipecas, también se encuentra en la cuerda floja. La región es un importante proveedor de autopartes, y con un arancel del 25%, sus productos perderán competitividad frente a otras regiones del mundo.
En el sector agropecuario, Tamaulipas es un productor clave de frutas y hortalizas que abastecen al mercado estadounidense. Con un arancel elevado, los productos locales podrían volverse menos atractivos en comparación con los de otras naciones libres de arancel, lo que obligaría a los productores a reducir precios y afectar su rentabilidad. Esto, en un contexto de incertidumbre económica, podría poner en riesgo miles de empleos rurales.
Queda claro que las repercusiones no solo afectarán a los tamaulipecos, sino a la economía nacional en su conjunto. La presidenta Claudia Sheinbaum ha anunciado que México responderá con medidas equivalentes, lo que podría derivar en una guerra comercial que, lejos de beneficiar a cualquiera de las partes, agravaría las tensiones económicas y desestabilizaría el comercio bilateral.
El gran problema radica en la dependencia que tiene México en su relación comercial con Estados Unidos. La falta de diversificación en sus mercados de exportación y su débil consumo interno hacen que el país sea vulnerable ante medidas proteccionistas como las generadas por Donald Trump.
México debe replantear su estrategia económica ante este nuevo reto. La política de represalias arancelarias puede ser un mecanismo de presión diplomática, pero a largo plazo, la solución debe basarse en fortalecer la industria nacional, diversificar socios comerciales y reducir la dependencia extrema al mercado estadounidense.
Por su parte, Tamaulipas, como uno de los estados más afectados, debe liderar este esfuerzo con políticas que incentiven la inversión en sectores estratégicos y promuevan el comercio con otras regiones del mundo.
En estos tiempos de crisis, la resiliencia económica de Tamaulipas dependerá de la capacidad del gobierno del estado para adaptarse, innovar y redefinir su papel en el comercio internacional. De lo contrario, seguirá siendo un rehén de las decisiones políticas y económicas de su mayor socio comercial.