Antonio Macías Ruiz
Por: Antonio Macías Ruiz
HUMANISMO MORAL
Son días para reflexionar y autocriticarnos y saber cuánto hemos mejorado material y moralmente. Creo que sin darnos cuenta hacemos este reflexión tomando como guía la educación religiosa que recibimos en la infancia. Puede ser que cada vez sean menos los que pongan su vida en la balanza para saber que pesa más, lo bueno o lo malo.
Sin embargo, es necesario seguir intentándolo porque todos estamos en el mismo barco y tenemos que mantenerlo a flote, y la mejor manera de mantenerlo a flote es que los poderosos moderen sus ambiciones injustas porque provocan hambre y el hambre provoca no solo muerte, sino también violencia y guerras. Así nadie está a salvo. Ni ellos. La historia nos lo enseña.
La Organización de las Naciones Unidas, la ONU, nos advierte lo mismo. Insiste a los gobiernos y a los grandes grupos de poder económico que es urgente reducir la pobreza para garantizar la paz con justicia, es decir, bienestar que solo garantiza el trabajo digno, honesto y solidario.
Ni la ONU ni los líderes religiosos han podido provocar que los grandes grupos de poder se den cuenta que su egoísmo y soberbia, tarde o temprano, los destruirá. Esos grupos de gran poder dicen confiar en Dios y en sus discursos invocan a Dios, pero sus hechos contradicen los mandamientos religiosos. Les estorban. Por tanto, procuran que la propaganda comercial haga que nos olvidemos del valor de los mandamientos religiosos. Nos quieren destruidos moralmente porque la historia les ha enseñado que los pueblos oprimidos tarde o temprano se rebelan, pero solo si no han sido divididos, pervertidos y desalentado.
Bien saben que esos mandamientos condenan la acumulación deshonesta y excesiva de riqueza en poco tiempo porque solo así, pocos, pueden tener mucho en poco tiempo. La excesiva riqueza que se obtiene en muy poco tiempo o es heredada, robada o se obtiene utilizando leyes injustas. Eso provoca que pocos tengan bienestar y, por eso, los mandamientos religiosos recomiendan la moderación en la adquisición de bienes, para dar tiempo a la educación del espíritu en lugar de vivir sólo para acumular riqueza de forma deshonesta.
Lejos estamos de vivir conforme con los mandamiento religiosos que en la infancia nos enseñaron porque pronto nos dimos cuenta de que solo se enseñan, pero no se practican, y que tenemos un sistema económico que evita repartir la riqueza equitativamente, es decir, cristianamente.
En México tenemos una ley, llamada Constitución de los Estados Unidos Mexicanos que dice que la democracia es, principalmente, un sistema de mejoramiento social, cultural y material del pueblo. Por tanto, es necesario humanizar nuestro sistema económico porque sin duda un sistema económico que permite la concentración de la riqueza en el 1% de la población a costa del empobrecimiento del resto, no solo contradice nuestra Constitución, sino también la moral religiosa.
¿Usted qué opina? Le saluda Antonio Macías Ruiz