El arte de la fuga

El arte de la fuga

¿Justicia por likes?

 

Desiderio García Sepúlveda

 

La reciente propuesta de Gisela Rubach, coordinadora del Diplomado en Marketing Político del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), de capacitar a los candidatos al Poder Judicial en marketing electoral ha generado un debate necesario sobre el rumbo de la justicia en México. Si bien la transparencia y la cercanía con la ciudadanía son objetivos loables, el riesgo de convertir a los magistrados y jueces en “influencers” puede tener consecuencias peligrosas para el Sistema Judicial.

 

Es innegable que comunicar de manera accesible y clara las funciones jurisdiccionales es fundamental en un país donde la mayoría de la población no tiene un conocimiento profundo del sistema judicial. Sin embargo, reducir la elección de jueces a una campaña política donde predominen las narrativas simplistas, los eslóganes pegajosos y las tendencias en redes, podría minar la seriedad y la imparcialidad que el Poder Judicial requiere.

 

El marketing político, por su propia naturaleza, busca convencer, seducir y movilizar votantes. Su lenguaje es emocional y muchas veces polarizante. ¿Es eso lo que queremos de quienes impartirán justicia? ¿Un juez que priorice su popularidad en redes sociales sobre su conocimiento y criterio jurídico? El peligro radica en que la justicia podría comenzar a medirse con el termómetro de las redes sociales, donde la inmediatez y la superficialidad suelen ganar terreno sobre la profundidad y la reflexión.

 

Además, el hecho de que los candidatos judiciales deban realizar campañas “sin recursos” y “puerta por puerta” abre un escenario donde las promesas populistas y las alianzas cuestionables se conviertan en moneda de cambio para ganar votos. La justicia no debería ser un cargo que se gane con campañas persuasivas, sino con méritos, experiencia y un historial intachable.

Recordemos que hace apenas unas semanas la consejera presidenta, Guadalupe Taddei, mediante un Acuerdo del Consejo General del Instituto Nacional Electoral, echó para abajo las solicitudes de aspirantes a magistrados, ministros y jueces para integrar sobrenombres en las boletas de la próxima elección judicial. La autoridad consideró que se trataba de propaganda electoral que buscaba promover o desalentar actitudes relacionadas con un partido político.

Entre las más tendenciosas propuestas se encontraban sobrenombres como “El Ángel de la Justicia”, “El juez de AMLO”, “El juez de la 4T”, “El Juzgador de la nación”, y hasta la actual ministra, Lenia Batres, había pedido aparecer en la boleta con el sobrenombre de “Ministra del Pueblo”.

Es necesario repensar si la democracia directa en la elección de jueces es la vía correcta. Tal vez una alternativa más adecuada sea fortalecer los procesos de selección mediante evaluaciones técnicas, entrevistas con expertos y participación ciudadana de manera transparente, pero sin caer en el show mediático. La justicia no necesita “influencers”, necesita profesionales íntegros y preparados para aplicar la ley con imparcialidad.

En México la confianza en las instituciones es frágil, es fundamental evitar que el Poder Judicial se convierta en un espectáculo más. La justicia no debería estar a merced de los algoritmos de las redes sociales, sino anclada en la solidez de la ley y en el compromiso ético de quienes la ejercen. Transformar a los jueces en “influencers” podría ser un paso hacia el abismo de la desconfianza y la injusticia.

Noticias relacionadas

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *